TU SONRISA

Fui a visitarte cómo tantas veces, cómo tantos sábados por la tarde desde que llegué a París para quedarme, miré una vez más, detenidamente tu enigmática sonrisa, tu mirada amistosa, tu serenidad… tu misterio!

Lo hice con curiosidad, casi inquisidora, cómo esperando que me revelases tu secreto.

Estuve así, ante ti, hasta el cierre del museo, estar contigo, frente a frente siempre me subyugó, se me hace corto el tiempo.

Volví a casa caminando distraído de mi entorno, me atraías…. aún de lejos, sin poderlo evitar. Cené, leí, se hizo tarde, me aseé y me acosté.

En mis sueños volví a verte, sin tiempo, sin lugar, tú y yo solos, ni un pequeño gesto, ni una sola palabra, sin embargo percibía por momentos una conexión, una leve intuición… algo empezaba a discernir.

Al levantarme por la mañana, no lo recordé, fue mucho después, desayuné y me aseé, al terminar de afeitarme me detuve un momento ante el espejo e imité tu sonrisa misteriosa, me observé quizás por un minuto y me sentí bien.

Llevaba una temporada de contradicciones y desánimo desembocando en negatividad, no veía camino, no veía salidas, tontamente me pregunté si mantener esa sonrisa (tu sonrisa), constante y discretamente, sonriendo sólo para mí, podría ayudarme en esos días difíciles.

¿Porqué no intentarlo? nada perdía.

Y continué con mis rutinas diarias, sin ninguna novedad, la inercia facilitaba el peso de la carga.

Recordé mantener el rictus, lo mantuve como un flotador que me salvara de hundirme.

Si las comisuras bajaban, la corriente me arrastraba, al subirlas de nuevo, me sentía a flote.

Pasé el día en esa alternancia con voluntad firme, debía mantenerme a salvo.

Esa leve sonrisa me acercó a tu misterio, poco a poco fue transformándome desde el interior.

Surgía una cierta alegría insospechada, la inercia rutinaria tomó formas creativas de ocupación, mentalmente me liberaba de mi mismo, de mi negatividad de forma natural, sin esfuerzo.

Vislumbraba un camino ancho, limpio y claro ante mí.

Al sábado siguiente volví al museo. 

¡Te vi! con una mirada distinta, empática, cómplice, al fin te comunicaste, y te correspondí  con la mía.

Había comprendido tu misterio! Y no fue allí delante de ti, no, al imitarte, me lo inspiraste.

Bendita tu sonrisa!, bendita tu mirada!, no se decirlo mejor, al fin ocurrió!!

Éste cuadro por encargo, nunca se entregó, el artista en el quiso expresar su saber y su arte, fue su legado para todos nosotros.

Una sonrisa por testamento, quién podría dar más!

En ella está la clave: ES LA ACTITUD!

En ella está todo el misterio: La Alegría, la Fuerza, son la Posibilidad, la Opción.

Sólo por imitar tu sonrisa, GIOCONDA, me salvé.

 


Regresar al índice

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *