Lobo Noferoz, continuación de La Pastora

De antemano quiero declarar, que todo relato que escribo, es pura ficción, unas veces soy él, otras ella, según conviene protagonizar la historia. 

Hoy seré el lobo Noferoz, aquél que rondaba a la pastora y abriré mi corazón porque solo en el anonimato, se puede confesar un lobo enamorado. 
 
La vi una mañana primaveral, aún refrescaba, el rocío se veía sobre flores y hojas, el las espabila del sueño, les lava la cara y prepara, para que llegando el Sol, estén para la fiesta guapas.
 
Esto veo cada mañana sin retraso, ni falta. Lo que me sorprendió no haber visto nunca fue, una joven preciosa, atusándose la melena, que recogió en trenza. 
 
Evité asustarla y no dejé que me avistara, aunque una presencia sí sentía, porque a veces se volvía. 
Desde entonces, cada día, esperaba sin moverme desde la madrugada, atento a  pasos lejanos de aquellos piececillos adornados con lazos.
Mi cuerpo inmovilizado por no mover, ni el matorral, sufría minutos eternos, temeroso de que mi corazón, me pudiera delatar.
 
A lo largo del camino la miraba entontecido, ¡Cómo le ceñía, el precioso corpiño!, más que pastora, parecia una muñeca regia.
 
A ella entregaba mis días, con eso me alimetaba y sólo cuando el rebaño recogía me iba a mis cacerías. 
Abandoné mi manada, porque ésta historia solo era mía.
 
Y soñaba durmiendo, que mi pastora paseando me encontraba dormido, y sin temor por yacer inofensivo, su dulce caricia, sentía en la espalda, más ella quiso al fin una noche, mirarme de frente a la luz de la luna llena y yo,  sin saber porqué, quise que nuestras miradas se encontráran… sin moverme…
la miré. 
 
!Y ahí nació el amor¡ ahí sin pensarlo, ahí sin miedos, ahí sin preguntarnos porqué seré pastora…porqué seré lobo.
 
Mirándonos pactamos el secreto que nadie podía saber, el amor es cosa de dos y no importa quién es quién. 
 
Ella cada noche se escapaba a mi lado, recostada, mi calor le sobraba, porque su presencia me incendiaba. 
 
Pero los sueños aunque los vivimos con igual o más intensidad que la vigila, queda la añoranza al despertar, de su felicidad.
 
Yo enamorado la sigo esperando cada mañana, cuando las hojas y las flores se ponen guapas, la pastora pasa despacio, volviéndose de vez en cuando, presentimiento algo, que le enardece el ánimo. 
 
Y yo… cada noche sigo soñando…
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