LA INVITACIÓN

Viniste a casa para unos días, te invité, aceptaste, me alegré.

Al principio eras muy comedido, no te tomabas confianzas, seguías mis pasos por las mañanas mientras ordenaba la casa, siempre atento, y si me veías en una ocupación muy interesado, te acercabas más, para saber de que se trataba.

No te animé al principio mucho, preferí hacer de anfitrión y marcar una distancia.

Todo funcionó bien, eres discreto, veo que más inteligente que el resto, te acomodas a mi momento.

Pasaron días y semanas, no creí oportuno hablar de tu estancia, no me molestas, no me siento atrapado con obligaciones extras,  voy adaptando mi vida de antes a ti, según se presenta.

Van pasando los meses, te sientes mas confiado, más próximo, vamos encajando, y en cuánto tienes oportunidad te sientas, pegado a mi lado.

Te gusta el contacto, también a mi, aunque yo no voy detrás de ti.

Con medio año juntos, ya con la mirada nos entendemos, sigues con tu costumbre de seguirme como un pordiosero, pidiendo una mirada, cariño, no te gusta estar demasiado tiempo solo.

Si me ves con mis manualidades, miras pero no opinas, se que no entiendes de ciertas cosillas, pero está claro: eres un cotilla.

Si salimos de paseo con buen tiempo, nos gusta ir despacio, disfrutando el momento del descanso.

Si hace malo, andamos a toda prisa, no me perdonas la salida, me animas, me seduces, me convences.

Ya nos tenemos más confianza y con la distancia suficiente te acercas a mi cama, ¿la noche se te hace larga?, noto más allá tu presencia, eres como un guardián, un escolta.

Al despertar por la mañana y encender la luz, si aún no ha amanecido, me miras como si no hubieses dormido, activo, alegre, complaciente, mientras a mi… aún me parece estar más en la noche, que en el día, ¿de dónde sacas tanta energía?

Me gustaría que te quedases para siempre, aunque… 

Ha pasado medio año y hemos congeniado.

Me haces reír, me entiendes, me respetas, ¡me enternecen tus rabietas! Aunque ya tienes tus muchos días… para tenerlas.

Tienes alma imperecedera, trotamundos, cariñoso y gracioso. 

Perfecto compañero de improviso he encontrado.

Os estoy hablando de mi perro invitado, Junior, un Yorkshire, entre rubio y canoso, de hocico alargado, precioso!!!

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