HOY

 

 

Ha amanecido nublado, el Sol se está despertando, parece no haber abierto del todo los ojos.

Y dando los buenos días al llegar al trabajo, mis compañeros tampoco estaban muy espabilados.

Lentos en sus movimientos, inexpresivos los semblantes y hasta bajos de ánimo. 

-¡Necesito un buen café, de esos que levantan el sombrero!- decía uno de ellos. 

Pero seguían rezagados en sus cosas horas después.

Y al mediodía el Sol, aún dormita asomando alguna suave ráfaga de luz, como haciéndose el dormido, entornando con disimulo un ojo para vigilar.

En mis años de juventud también me afectaba como a ellos, un día me pregunté el porqué, y lo supe…la luz, todo por esa luz de tonos grises, y comprendí que no era razón suficiente para que me afectara así, desde entonces estos días me parecen bonitos, me calman, me complace su sosiego, los encuentro menos bulliciosos, como si respetásemos todos, la “duermevela” de nuestro Astro.

Pero siempre hay quien se queja -vaya día pocho, así estoy yo, como mañana no cambie…-

Yo creo que son días estupendos para leer durante horas, o ver una buena película clásica, de esas de misterio, incluso por segunda vez, los que estamos solos quizás nos encontremos con más inclinación a reflexionar, por lo menos a mí me pasa.

Vivo en el sur y estos días no son frecuentes, son peculiares, algo extraños, mirando con detenimiento ésta luz especial, se ve que la atmósfera ha pintado todo de colores pálidos, azules pálidos, verdes pálidos y hasta el amarillo y el rojo han acordado no desentonar.

No es una foto en blanco y negro, aunque de reojo lo parezca, ni son como cuadros de algún pintor vasco, ¡no son tristes!.

La ventana los enmarca con todo tipo de colores (pálidos), son cuadros “en clave de color” son elegantes, la clave es el gris.

Gris perla…gris plata…gris plomo, depende de lo profundo que duerma el Sol.

Sugieren otros ambientes, climas fríos, pero no tristes.

Al abrir la ventana, me reencuentro con la sensación cálida de mi tierra, y eso me agrada.

Ver un Sol velado, nos deja sin ver ese amanecer que nos llama alegre a la actividad, o un atardecer siempre más bello, invitándonos al descanso, casi siempre merecido, a dejarnos abrazar por el.

Digamos que son estáticos, sin cambios de luz hasta el anochecer, a las 10, podrían ser las 12 o las 18, o viceversa.

Llegada la noche, todo se neutraliza, será una noche más, una noche cualquiera, con su fase lunar.

Que nos trae la esperanza, de un día más, SIEMPRE NUEVO. 

Y eso, eso es todo lo que necesitamos.

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