EL DESAGÜE DE MI CALLE Y LA VIDA

En mi calle hay una alcantarilla poética. No es una cloaca cualquiera. Es un sumidero especial. En ella se resume el mundo. A través de sus rejas surge la punta de una tierna y valiente flor buscando el sol ¿se imaginan? Como es de suponer, hunde sus raíces en el estiércol. Crece recta y espigada y, con peligro para su vida, se arriesga a asomar la cabeza a través de los fríos barrotes de hierro. La poesía es como esa hierba de mi calle, que entierra sus raíces en el lodo de la vida de dónde saca su alimento. Soporta estoicamente los embates del clima buscando la luz y, a pesar de su aparente fragilidad, es fuerte como un roble. Supera la prisión del pudor, se arriesga a dejarse ver, no le teme al miedo, a los atropellos, a la insensibilidad, a la soledad, al fracaso… En fin, como les decía, en mi calle hay un desagüe que es una metáfora de la vida.

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