EL LÉXICO DE DIOS

 

Para Spinoza, todo es Dios y Dios es todo y se proyecta en todas partes. Según la Biblia, una ballena se tragó a Job y al tercer día lo vomitó; una oveja condujo a Moisés a la cueva donde estaba la zarza; éste separó el Mar Rojo, convirtió una vara en una serpiente; Dios hizo que el faraón se pusiera terco; que Ananías, Misael y Azarías salieran ilesos del horno; Dios, dice la Biblia, no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni el el fuego; sino que estaba en el silbo apacible y delicado; dice que descendió al monte Sinaí en forma de fuego y hablaba a Moisés con voz tronante… En la naturaleza, todo tiene su propio lenguaje: el ser humano, los animales, los vegetales, los minerales, los líquidos, los gaseosos… Para comprender lo que quieren decir, hay que aprender su idioma: el geólogo, el biólogo, el etólogo, el astrologo, el oceanógrafo, el antropólogo y otros, pueden interpretar los lenguajes que conciernen a su campo. Pero, ¿Quién sabe el lenguaje de Dios? Spinoza dice que todo es Dios. Pero, según la Biblia, Dios puede hablar a través de todo, pero no siempre está en todo. Por decirlo así, Dios no es un instrumento de una orquesta, sino que es el director de la banda. Y para que los músicos puedan comprender lo que quiere el director, éstos tienen que aprender que el Jefe siempre está ahí y que su varita (su léxico), lo conforma su creación: la mariposa, el pájaro, la hoja, la tormenta, el sol, la lluvia, los planetas, etc. Y sobre todo, estar atentos (despiertos) para no perderse los mensajes.

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