SENSACION DE VIVIR

Un Ojo desde el Cielo muy atento y brillante, vigilaba calles y parques, entre los tejados y las ramas, me observaba.
Un manto tupido, cubría la noche otoñal…
Paseaba sin prisa, sin recorrido previsto, entre luces que a ambos lados, bordeaban las aceras.
Una imagen en cruz, luminosa, con un guiño me informó, de la hora y la temperatura, como revelándome su secreto.
El silencio era… intenso, sentía su compañía.
Era domingo de noviembre, había llovido de lo lindo horas atrás, y yo caminaba sobre espejos.
Los jardines y las aceras salpicadas con multitud de pinceladas ocres, mostraban un avanzado otoño, ocre sobre gris, ocre sobre verde.
Paseaban mis ojos por los contornos de formas cercanas y lejanas, con atención, descubriendo detalles, colores y contrastes.
Paseaba el oxígeno por mi nariz, de arriba, abajo y volvía a salir, llenándome de aquella límpida atmósfera recién estrenada.
Paseaba entre fragancias que emana la tierra cuando la bañan.
Paseé despacio y llegué lejos.
La luz iba abriéndose paso en el horizonte, y aquel Ojo omnipresente, humilde fue desapareciendo, como un fantasma, como el último eco.
Al mirar hacia arriba la maraña de ramas desvestidas, parecía querer agarrarla y ayudarla a salir.
El silencio dio paso a los primeros trinos, avisando la llegada de su Rey, pronto se convirtió en algarabía, de cantos y colores.
Ya se veía circular algún coche.
La persiana de una churrería, chirrió, y me crucé con los primeros deportistas, algún buen amo de su perro, también madrugó.
El mundo se iba despertando.
Empezaba a ponerse en pie.
Esas primeras horas, mostraban en la calle una cara amable, relajada, feliz.
Aquel tupido manto, ahora semi iluminado, descubría granates, rojos, anaranjados y amarillos en su cara superior, incendiando el abismo exterior.
La lamparita nocturna que ilumina nuestro Hogar, desapareció por completo, al prender la tea, que cada mañana a fuego graba un nuevo Cielo, dejándonos admirar su nueva creación.

Volví a casa henchido de sensaciones y pensé: Un Día más… sin merecerlo,
un día más, para nuestra felicidad.

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