CABALGAR CON LOS BRAZOS ABIERTOS

Vivamos hoy como si fuera

el último día de nuestra vida.

Digamos cosas solemnes

en un tono profundo como si fueran

las postreras palabras que vamos a pronunciar.

Hagamos las obras que realizaríamos

si supiéramos que mañana vamos a morir.

De saberlo, perdonemos como solo

lo haríamos el definitivo día

de nuestra partida de este mundo,

¿Qué diferencia habría?

Hagamos nuestro, de saberlo, todo el sentir

que nos invadiría el zaguero día

de nuestra vida. Y así, en ese estado,

cabalguemos con los brazos abiertos,

sintiendo el frescor del aire

en nuestra cara. La libertad

que se experimenta al desprenderse

de todo lo que nos ata,

empequeñece y atemoriza,

porque solo hoy es posible hacerlo.

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