EXCURSIÓN AL IBÓN DE CAMPO PLANO

Antes de derramarse en el Embalse de Las Arras (Sallent de Gállego). Tras haber remontado el ibón de Respomuso. De haber recorrido un tramo del repleto barranco por donde transcurre la GR-11 y el Aguas Limpias. A su paso por la ribera del Asador de Las Sarras, el río nos sonríe con su cara fresca, de hoy. Y nos trenzamos a un puente. Penetramos en un mundo en donde el tiempo se estanca en la frontera. Traspasamos la aduana y, sin saberlo, nos requisan de las mochilas nuestros problemas por exceso de peso. Y sin percatarnos, el velo de nuestros ojos se corrió y pudimos ver y sentir y oler y tocar como nunca antes lo recuerdo. Entonces, mientras subíamos, nos bañamos en el verde mar de las tupidas hayas y nos hicimos unos largos. En el océano gris de las piedras chapoteábamos y nos hacíamos ahogadillas. Nos capuzamos en el aroma de las gigantescas montañas, mientras ascendíamos al refugio de Respomuso. Una vez allí, en el mirador que hay frente a él, embarcamos nuestros perdidos ojos en un inusitado velero, y surcamos los labios con los que se besan la tierra y el cielo. Pero había que seguir adelante, no queríamos molestar y los dejamos con su intimidad.  Y nos fuimos hacia el ibón de Campo Plano y en el horizonte, con las velas desplegadas, el bergantín navegaba a todo trapo. Un poco más arriba, a los pies de la Gran Facha, a orillas del ibón, a espaldas del viento, detrás de unas rocas, sobre la tierna hierba repusimos fuerzas para volver a Las Arras con el corazón henchido y los ojos colmados… En fin, una excursión muy recomendable para cualquier amoroso caminante.

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