VACUNARSE O NO VACUNARSE, THIS IS THE QUESTIÓN

La semana pasada, con temor y temblor, me apunté para vacunarme de la covid-19. Me dieron a escoger Centros y elegí el Matadero que está en la calle Miguel Servet de Zaragoza, a las 9:41 AM. A partir de entonces, cada día hacía mi testamento mental: arreglé las cosas que tenía a medio terminar, me reconcilié con la gente que estaba tirante, pagué mis deudas, etc. Pero, hubo algo que no pude controlar, que me surgió sin que yo lo hubiera previsto: empecé a tener pesadillas, perdí las ganas de comer, extravié mi buen humor, etc. Hasta que llegó el día D, y la hora H. Como pude, fui arrastrando mi humanidad por el asfalto. La gente me miraba con extrañeza y me preguntaba cosas que yo no entendía. Mi cara estaba desencajada. Mi mandíbula pendulaba. Mis piernas apenas me sostenían. Mis ojos se extraviaban. A rastras conseguí llegar al Matadero. Me puse en la cola gracias a que un camionero me prestó un gato y dos muletas. Dos ancianitas me sujetaban. Cuando llegó mi turno, me santigüé, recé mis plegarias y dije mis últimas palabras: “Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y ¡Pum! Me la clavó. Y como pueden comprobar, aquí estoy, más fresco que una lechuga, ¿acaso se pensaban que se iban a librar de mi? ¡jajajajaja! Por cierto, he vuelto a tener sueños felices y de otra índole…

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