CAMINANDO DE LA PANADELLA A BRAULIO FOZ

    Sobre un colchón hecho de ríos, ramas y rocas, roncan los pueblos del Matarraña. Solo el canto de los pájaros y el suave murmullo del viento tuercen el morro al misterio. ¡Silencio!  Cuando llegamos a la Panadella (Teruel), dormía esta manga por hombro. No quisimos despertarla y de puntillas, nos cosimos a la PR 161. A la salida del pueblo, nos bendijo un botón del batán que no abatana, diciendo:” Ave María Purísima” y le contestamos:” Sin pecado concebida”. Y seguimos haciendo nuestro ganchillo.  Hicimos un pespunte para bajar a la cueva de San Antón donde, la cabeza de la paz reposa sobre una almohada hecha de plumas de roca. Y continuamos bordando el camino donde lo dejamos. Petrificados gendarmes hacían guardia desde hacía siglos en el desfiladero, nos cachearon en sus estrechos y nos dieron su visto bueno. Desde el Pla de Sensalt, derramamos la mirada por los montes y valles, hacia Fórnoles, que descose con sus casas y torres el hilo del horizonte.  Bosques de coníferas, enebros y sabinas, alternados con campos de olivos y almendros, entre muretes de piedra seca. Algunas masías abandonadas y construcciones para resguardo de ganado o aperos de labranza, tramos de calzada romana nos dan la bienvenida. Subimos al barranco de la Estopiña y bajamos al pueblo de la colina. Al entrar a Fórnoles, encontramos a Braulio Foz leyendo “La vida de Pedro Saputo” sentado en la admirable terraza del bar “La Casa Nostra”, Y allí voy y le pregunto:” Pero ¡hombre de Dios”, ¿Cómo eres capaz de montar un pleito contra el sol?” A lo que él me contesta” Es que, de momento se me ocurrió”.

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