LA MEMORIA DE LA PIEL

Una montañera de cierta edad le pregunta a un chico:

─ ¿Cómo se llama esta zona?

Y el chico le contesta:

─ Pues no lo sé. Soy un ignorante de los nombres de las montañas. Los intelectuales en ese sentido van por allí arriba.

La señora vuelve a preguntar:

─ Es que me gustaría saber cómo se llama esta montaña.

Y el chico le pregunta:

─ ¿Y para qué lo quiere saber?

La señora contesta:

─ Es que me cuesta recordar. Lo intento, pero no consigo recordar los nombres.

A lo que el chico le dice:

─ Hay técnicas para memorizar. Pero eso no le va a ayudar a ser feliz. Le ayudará a seguir adelante recordar una caricia. Le ayudará a superar las amarguras, un beso. Le ayudará a sobrellevar la vida, un abrazo. Le ayudará a seguir adelante, una poesía.

La señora sonríe, pero no dice nada. El chico sigue hablando:

─ Deme la mano, por favor.

La señora se la da. El chico coge la mano de la señora y se la lleva a su cara. Lentamente se la acaricia con ella, después se la besa y le dice:

─ Recuerde esto señora, ¡Ah! Recuerde también que la piel tiene memoria

Leave Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: