UN DÍA CUALQUIERA

Eran la 7 de la mañana, y desayunando pensaba en la jornada que me esperaba.

Soy uno de los ingenieros de una multinacional, somos demasiados, todos con ambiciones y todos quieren destacar.

Mi carácter no es competitivo, soy solidario y me gustaría que el equipo se centrara en un sólo objetivo, conseguir el prototipo perfecto, nada más.

Sin embargo se roban ideas, se sugieren desconfianzas, se magnifican los errores….

El ambiente no es grato.

Mi falta de interés por seguir esos patrones me ha hecho invisible a mis superiores.

Mi carácter además es reservado, lo que provoca una cierta desconfianza, en mis compañeros a mi pesar.

Entré a formar parte de ésta empresa por méritos propios, crear, proyectar, tiene para mi un atractivo muy especial.

El prestigio conseguido por grandilocuencias y amiguismos no me interesa.

Yo soy un tipo normal, me llamo Archibaldo, como mi padre y mi abuelo, no destaco físicamente en ningún sentido, me dedico por entero a cumplir con mi deber lo mejor que puedo.

Y así pasan los días, entre la  satisfacción por mi trabajo y la desgana por lo demás.

Hasta que un día mi hermana y su amiga idearon un plan a mis espaldas, conocedoras de mi situación.

Hablaré de Elena, su amiga desde la infancia, es una mujer de 180 de estatura, grandes y expresivos ojos, su abundante melena lisa de color castaño claro y la piel blanca algo pecosa, le da un aire muy juvenil, tiene elegancia llevada con libertad, y aunque viste chic, lo lleva con despreocupación, estudió Bellas Artes, por lo q frecuenta ambientes de vanguardia, alegre, cariñosa, para mi es una más de la familia, porque siempre la he visto por casa.

Una tarde me llamó al trabajo, inesperadamente me invitaba al cine, dijo q vendría a buscarme, para mi sorpresa, poco antes de la hora de salir, la veo aparecer en mi sección, seguida por un séquito de compañeros, q la vieron llegar al preguntar por mí.

Al verme se acercó con su bella sonrisa, me beso en los labios como quien ama y saluda, con discreción, y me hizo presentarle a todos: compañeros, jefecillos, jefes y jefazos.

Hecho esto nos despedimos, y me cogió del brazo, dónde todos boquiabiertos nos abrían paso.

Al día siguiente nadie preguntó, esperaban mis explicaciones, que por supuesto, no di.

Al mes fui ascendido, por méritos… propios, no lo se!, lo q si se es q desde este hecho, realizaba mi trabajo desde la observación directa de mis jefes.

Ya no pasé desapercibido, me veían, consideraban mis propuestas, la aceptaban….

Gracias a aquella sencilla argucia, que me sacó de la oscuridad.

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