LA TORMENTA

Se despertó un viento fortísimo, obligándonos a recoger a toda prisa el toldo, al intuir lo que se avecinaba, tuviste la idea de colocar la cama junto a las puertas abiertas  de la terraza.

La teníamos ya preparada cuando comenzaron los truenos, retándose entre ellos, para ver quien ganaría en estruendo, siempre nos atrajeron esas batallas, dónde cada resplandor es como un bombardeo.

Nos absorbe ese espectáculo de risa y miedo. De pronto rompió a diluviar, nos quedamos absortos, viendo caer un telón de agua, descolgándose del Cielo.

En un momento, inesperado para mi, sentí tu aliento cálido en la nuca, tu húmeda lengua, besos que recorrían los hombros, el cuello. Habíamos tomado la cama al asalto, con los primeros truenos y ahora me proponías algo más.

La lluvia se oía como un canto, la humedad lo inundaba todo, cerrando los ojos podíamos sentirnos en pleno océano, y me recostaste despacito, sentí tu peso y tú mi fragilidad con aquella música de fondo, no hubo palabras, ni luces ya improvisadas.

Todo era oler, oír, sentir, y cambiando de forma, como algas en la marea…las agotamos todas, y nuestros besos eran de mar, de marea, y maremoto, acompañando al Cielo.

Duro tanto como necesitamos, para expresarlo todo!

Amainó y sentimos una brisa suave, fresca y limpia, en una noche de verano de fuego.

Reconfortados, relajados con una paz inmensa, dentro y fuera de aquellas puertas…, acabamos con la guerra de las alturas, que al mirarnos…, cedieron.

En nuestro lecho todo era acuerdo y ventura, solo la Luna pudo cerrarnos los ojos. 

Ella veló el ensueño.

Esta entrada ha sido publicada en Entredos Narrativa. Marca el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.