LA PASTORA


Existió…..Se comenta entre susurros, en los rincones, en secreto, por no parecer locos.
Un Lobo Noferoz, vigilante por vocación de un pequeño rebaño gobernado por su pastora, una joven pastora.
Limpia y bonita siempre, como la mañana, sacaba sus ovejas a pasear lavadas y peinadas, con una lana tan suave, como el satén.
La pantorcilla llegando al valle, buscaba sin parpadear al Lobo Noferoz en el horizonte, con mirada esperanzada.
Él vigilante, oculto, para no ser vistas sus orejas…en la ondulada, que escondía por no descubrir sus amores y asustarla.
La pastorcilla triste por no verle desde hacía días, ni comía, ni dormía y de pensar que su Lobo Noferoz no volvería…se moría.
Se sentía desamparada, sin aquella presencia que la protegía, del amante ausente que en lo alto vivía.
Avanzada la tarde un buen día, cuando las sombras se hacen muy, muy largas, descubrió bajo los pies su figura proyectada, emocionada, feliz, se recostó abandonada.
El Lobo Noferoz giraba con el Sol, para no perderla del centro de su corazón, dónde sentía sus caricias, sus besos…en aquella verde habitación.
Que el corazón de la pastora y el Lobo Noferoz, en lo más secreto, les unía un gran amor.
Si las ovejas y perros les dejaban, ellos con la mirada se amaban, bajo el cálido Sol.

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