LA NOVICIA

No olvidaré aquella confidencia, no olvidaré su mirada al describírmela, una mirada hacia adentro, hacia una experiencia muy viva. 

El sentimiento estaba impreso en sus ojos como luz lunar.

Me describió aquellas citas, siempre a solas, en la quietud central de la noche para una mayor intimidad, ni un ruido perturbaría el encuentro.

Sólo una vez por semana, me dijo: «eran las reglas y podía elegir la hora».

Sobre las 2 horas subía feliz por aquella amplia escalera, cada peldaño le acercaba más al encuentro y su ánimo se elevaba como ellas, a duras penas controlado, se dirigía con reverencia a aquel recinto cerrado, semi iluminado, acogedor, bello, aromatizado por la cera de las velas.

Antes de entrar ya intuía Su mirada atravesando el muro, una mirada Solar, potente, cálida, que al entrar y mirarle la acariciaba y la convertía en un ser total.

Por total, me explicó: «En Su presencia me completaba»

Al mirarle le sentía cómplice, siempre era así, en otros lugares, en otras ocasiones, pero en esa soledad… era algo muy intenso, muy especial.

Me contaba cómo sentía su  aceptación, su adhesión, en el momento de estar frente a El, convirtiéndose ambos en un solo ser. 

Así lo entendía ella, así me lo explicaba, sin yo estar segura de entenderlo bien.

«Sin palabras…», me decía que aquellos silencios estaban llenos de esa vida que vivimos a diario, con sus contrariedades, inquietudes, búsquedas… todo incluía ese silencio no necesita decir nada, eso la calmaba, la fortalecía, la esperanzaba.

Presencia y Fuerza eran sinónimos.

Ese silencio vital, se expandía y lo llenaba todo, a un nivel casi material.

Esas 4 horas, pasaban sin sentir, después de siete días esperando…. ante EL, todo pasaba como un soplo, me decía qué: «siempre me faltaba un momento más» 

Al salir y volver a la vida cotidiana, la impronta marcada duraba todo el día, y se buscaba en los cristales o quizás encontrara un espejo para mirarse, porque en el, hallaba un rostro nuevo, inocente y radiante, se veía tan bella!.

De ésta revelación, no he sido nunca merecedora, sólo escuchaba… pero algo debí decir, no sé… no recuerdo, sentí una cierta envidia al ver su afección al describirlo.

Pensé que sería algo parecido al AMOR?!

La intimidad del alma sólo es posible transferirla a otra alma semejante, que la entienda y disfrute por igual, sintiendo esa felicidad con la que yo no pude identificarme, aunque jamás lo podré olvidar, ni esa mirada hacia adentro en sus ojos.

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