CADA DÍA

Me despierto siempre temprano, entre sábanas blancas y suaves, saboreo ese momento durante un rato, al abrir los ojos, lo agradezco.

Aún no ha amanecido, enciendo la luz de la mesilla y al ahuecar la sábana para retirarla, es un paracaídas cayendo sobre mi cama? o quizás… sea una nube que amenaza!!

Me incorporo y al pisar suelo, lo siento firme, firme como una promesa, todo está tal como lo dejé ayer, me tranquiliza saber que hoy podré acabar aquello que no terminé, que perduran las ilusiones y pondré a prueba mis limitaciones.

Salgo a la terraza, pronto despertará el día calladamente… respetando los sueños de los niños y los inocentes. 

Desde mi altura alcanzo a ver un horizonte muy lejano, que me trae saludos de cumbre, caricias del Moncayo, al aspirar en profundidad me parece alcanzarlo.

El Cielo estrellado todavía, el silencio, la brisa, el descanso placentero de la calle, ella… también saborea ese momento previo antes de levantarse, disfruta del rumor de las hojas y de su corretear por la aceras, porque será inaudible, cuando el mundo avive.

Al entrar, el interior me reconforta, su abrazo me rodea, mi casa como la del caracol, se ajusta a mi tamaño, a mi comodidad, no necesito más. Me inspira y estimula, al mirarla agradezco… que me cobije su techo.

Entro en la cocina, para tomar algo ligero y nutritivo, con su energía afrontaré las tareas requeridas, aunque de todas prefiero «Las Bellas» dónde se encuentran las sorpresas. El día paso aprovechando cada retal de tiempo, despacio… me voy haciendo un traje nuevo!.

La jornada vuela sin remedio y siempre queda pendiente un proyecto.

El atardecer matiza la luz desvaneciéndose como un eco, quedando en suspenso los pensamientos, ya solo miro lo cercano, huele a hoguera apagada de pasiones, locuras, trabajos y travesuras.

La noche pide su oportunidad y contemplo lo vivido, lo disfruto y valoro según me ha ido, son pruebas de estrategia que nos dan experiencia.

Mañana todo volverá con su dificultad y su oportunidad, el horizonte con su Sol en el Monte, y bajo mis pies la firmeza del suelo, cómo una promesa.

He aprendido a ser feliz, ya voy por los sesenta!.

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